PANICO MORAL, TABÚ, SACRIFICIOS Y CHIVOS EXPIATORIOS: Una mirada en clave antropológica a las violencias contemporaneas.

Tres conclusiones más sobre el trabajo de campo de 2017 a 2019

Tal y como expuse en la obra “Prohibir la manzana y encontrar la serpiente”, existe una relación directa entre las normatividades contemporáneas y la liquidez social, es decir, su maleabilidad, y los fenómenos gregarios.
Explicaba, que por la ausencia casi absoluta de verdades universales, es decir, al no compartir tabúes, silencios comunes, objetivos que nos aúnan, estamos condenados al gregarismo como mecanismo defensivo. Una defensa contra la nada y su consecuente angustia.
El pánico moral, fenómeno que ya estudié en mi tesis de sexología relacionado con la violencia sexual y que he venido desarrollando en múltiples ocasiones para explicar el fenómeno contemporáneo de la exclusión, es, sin duda, el más transcendente.
Encarna además la aparición de nuevos tabúes que permiten la emergencia de nuevas comunidades.
Las minorias sexuales, son, sin lugar a cuestionamiento, las más recientes comunidades humanas constituidas y es precisamente por la maleabilidad social y los vacíos simbólicos que ha implicado la etapa post moderna, que dicha emergencia ha sido posible.

«No hay sociedad sin sacrificio», decía Mary Douglas.

Del pánico moral al sacrificio.

Una vez expandido el pánico moral se activan los mecanismos sacrificiales, como manera de expiar y liberarnos socialmente del “mal”, es decir, de la transgresión. De aquello que ha amenazado a un tabú instalado. Este fenómeno sacrificial está en claro apogeo precisamente como expresión de la liberación de la angustia social que supone la desaparición de tótems colectivos, como el Hombre, pero también de la libertad que emerge en el mismo vacío y da lugar al nacimiento de otras identidades.
Esta desaparición de tótems es una consecuencia de la globalización y la aldea global, en la que los grupos de diferentes se encuentran constantemente confrontados, y también de la hiperconexión derivada del efecto de los dispositivos de ritualización extendida.

El chivo expiatorio y la otredad.

La expiación sacrificial exige de un chivo expiatorio, que en el caso contemporáneo de los pánicos morales como el de la violación (ya dispongo de una investigación al respecto), y el metoo, posicionarían a los hombres en el lugar de víctima propiciatoria.
Pero no serían los únicos: las comunidades transexuales, actualmente disputando un lugar común, también reproducirían la lógica de la diferenciación mediante mecanismo sacrificial. Un buen ejemplo es el acontecido en la Universidad Pomepeu Fabra, a raiz de una ponencia sobre la transexualidad, donde un grupo de estudiantes transexuales irrumpieron al ponente Pablo de Lora, para evitar una exposición desde el exterior de la realidad trans.
El castigo publico a los hombres y a todos aquellos que cuestionan las normatividades minoritarias, suponen una manifestación de la aparición de otras identidades que no encajan en los sistemas de género hasta hace bien poco vigentes, es precisamente en la actividad sacrifical, reproducida esta como una expresión mimética de las violencias que dichas minorías habrían venido soportando.

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