Hay un concepto propio de la antropología simbólica que remite al momento en el que todo se viene abajo, cuando la verdad pierde sentido y todo cuanto se conocía queda revestido de una incertidumbre absoluta, que nos muestra cuánto de frágil es el mundo humano.
El Antropólogo Arnold van Gennep estudió la manera en la que se desarrollan los transitos de un estadio a otro. Su obra «Los ritos de paso», constituye una aportación altamente valiosa por estructurar un saber sobre los complejos procesos culturales que organizan los imaginarios colectivos, y dan sentido a las experiencias individuales de quienes pertenecen a una comunidad.
Van Gennep identifico tres grandes momentos en el proceso de cambio, entre los que destaca la fase Liminal, estadio en el que ocurre la metamorfosis.
La liminalidad, como circunstancia en la que la cultura y el orden quedan disueltos, son la condición de la communitas.
El estadio de communitas, o disolución absoluta, o la comunión, es una versión de la muerte en su más amplio y profundo sentido.
No es posible generar cultura sin la irrupción de la muerte, pero sin embargo, el estadio de communitas nos enfrenta a una esfera de la muerte como forma de encuentro o cómo condición inseparable del erotismo, al ser la muerte el sustento de la separación y de la sagrada tragedia de la conciencia.

La comunidad como consecuencia de la muerte es una constatación que puede apreciarse en numerosos tratados de etología, entre los que destaco los hallazgos de las investigaciones de Lorenz, centrado en la observación de las aves.

Los gansos disponen de un grito signo de la victoria contra un adversario. Lorenz descubrió que ese grito era utilizado por los gansos incluso cuando el enemigo no estaba presente, la función del grito era consolidar la comunidad.

La comunidad se nos revela ya desde las formas más elementales de la conciencia, y por lo tanto, como un territorio cuya condición es el peligro, lo que me lleva a la afirmación de que es la fragilidad del límite la que hace posible la comunidad.

Renaissance es un lugar en el margen, un saber sobre lo marginal y un trabajo de integración que desborda la noción de la funciónalidad y ahonda en la erótica como condición genesica, aproximación que quedó enterrada en la modernidad.